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Diccionario Enciclopédico

teatro pronunciación
m. Edificio destinado a la representación de obras dramáticas.
p. ext. Público que asiste a una representación.
Profesión de actor.
Arte de componer o representar obras dramáticas.
Conjunto de obras dramáticas de un pueblo, época o autor.
fig. Literatura dramática.
Lugar en que ocurren acontecimientos notables.
fam. Afectación, exageración o fingimiento en la forma de actuar.
hist. Arte esencialmente colectivo, el teatro presenta aspectos muy diversos. El arte teatral aparece con caracteres religiosos en la base de todas las culturas. Los griegos diversificaron el teatro: Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes llevarían a escena las cuestiones políticas, sociales y religiosas del momento. Roma no destacó en el género. A principios del s. XII se vieron aparecer dentro de las iglesias y mezclados con los actos litúrgicos los personajes de la Pasión, esp. los profetas, las santas mujeres, etc. Este drama humano recién nacido no pudo continuar en las iglesias a causa de inevitables impurezas que arrastraban a lo grotesco; creció fuera de los recintos sagrados y al aire libre. Al llegar el s. XVI aparecieron los dramaturgos más eminentes que ha conocido el mundo después de los griegos: en España, Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca; en Inglaterra, Shakespeare; en Francia, Corneille, Racine y Molière. El s. XVIII alemán produjo las grandes figuras de Lessing, Schiller y Goethe, precursores del teatro romántico. Italia dio un gran comediógrafo: Goldoni. El s. XIX se inició con la irrupción del Romanticismo, lo que supone la ruptura con toda clase de trabas y moldes clásicos y permite a sus autores mezclar lo trágico con lo cómico, la prosa con el verso, etc. Victor Hugo con Hernani, el Duque de Rivas con Don Álvaro o la fuerza del sino y Zorrilla con Don Juan Tenorio . Hacia fines del siglo aparece el teatro llamado de tesis, con Ibsen y Bernard Shaw. Los descubrimientos de la psicología patológica arrastran el arte teatral hacia los grandes problemas del alma humana y crean el teatro de complejos esp. representado por Pirandello. Las grandes corrientes del arte teatral de los últimos años se habían venido prefigurando en las actitudes llamadas de vanguardia, que se desarrollan durante los primeros decenios de nuestro siglo: el surrealismo, con sus movimientos afines, y el expresionismo. El surrealismo, cultivado por escritores muy a menudo comprometidos con la sociedad de su tiempo, pero centrado esencialmente en la libre expresión de aquellas zonas del hombre situadas más allá del dominio de la razón, no produjo una gran floración teatral -obras de Apollinaire, el dadaísmo de Tristán Tzara, el futurismo italiano, etc.-, pero tuvo mucha importancia porque su influencia estallaría, más tarde, con la aparición del teatro del absurdo y el de la crueldad. El expresionismo, movimiento predominantemente alemán, dado a los simbolismos y que rehusaba los estudios psicológicos, convirtiendo a los personajes en tipos más que en individualidades, tuvo un gran empuje teatral con autores como Kaiser, e influyó, por ejemplo, en el teatro del estadounidense O'Neill. Sus técnicas de escenas sueltas, su propósito de actuar sobre el público, y las grandes maquinarias que frecuentemente usaba para la puesta en escena, repercutieron directamente sobre el entonces joven Brecht. El vanguardismo tuvo también una gran importancia en la U.R.S.S., tanto en las concepciones escénicas como en la obras de algunos autores como Majakovskij; pero con la llegada de Stalin al poder todas estas experiencias fueron frenadas. El teatro del absurdo, individualista y pesimista, hizo su aparición hacia 1950, con Ionesco, Beckett, Adamov, etc., y se extendió por todo Occidente. Anterior a él, el teatro de Brecht, esencialmente comprometido con la sociedad y que rehuía el individualismo, logró consenso universal a partir de la muerte de su creador, en 1956, y su abrumadora influencia se produjo paralela, y hasta en oposición, a la del teatro del absurdo. También, mediada la década de 1950, tuvo lugar la aparición de otro movimiento, de estética mucho más heterogénea, pero igualmente preocupado por enfrentarse a la sociedad británica de donde había salido: el movimiento de los angry young men (jóvenes airados). Sus autores se nutrieron en parte de un realismo que tuvo su reflejo en el movimiento hispánico de la generación realista castellana y en algunas manifestaciones latinoamericanas, y que puede relacionarse también con el teatro del estadounidense Arthur Miller. En E.U.A., sin embargo, y más concretamente en Nueva York, la imposibilidad de acceso de las nuevas generaciones a una escena comercial superindustrializada, les llevó a lo largo de la década de 1960 a la creación de un teatro off-Broadway , del que saldrían autores como Albee, pronto absorbido por los mecanismos que trataba de rehuir. En los últimos tiempos autores como el mismo Peter Brook, Ingmar Bergman, Giorgio Strehler, Trevor Nunn o el desaparecido Laurence Olivier, han recuperado obras de Shakespeare o Chejov, con un lenguaje escénico renovado o siguiendo fielmente la obra original.

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