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ANOMIA O ANOMÍA El pasado día 12, un artículo del profesor Salvador Aguilar en “La cuerta página” de El País (“Revueltas en un mundo sin normas”) enmarcaba la reciente revuelta social en Londres, igual que la de la de las “banlieues” en Francia de 2005, en lo que los científicos sociales denominan “revueltas anómicas”. Me llamó la atención la expresión y, aunque en el mismo artículo se define “anomia” —“situación donde la estructura normativa que opera habitualmente, y mantiene relativamente cohesionados a los miembros de una comunidad, queda en suspenso. Anomia indica carencia de normas: los valores considerados poco antes como vigentes y que predisponían a una obligación moral (conformidad) han dejado de funcionar, mientras los valores nuevos que deberían reemplazarlos no están todavía disponibles”— para argumentar a continuación por qué los altercados londinenses entrarían en esa categoría, busqué información adicional sobre el origen del término. En efecto, en varios diccionarios de filosofía y de sociología aparece la entrada “anomia” o “anomía”. Según recogemos de Ferrater Mora (Diccionario de filosofía), el término se forma por analogía con otros en los que interviene la misma formación procedente de la palabra griega que significa “ley”, por ejemplo “autonomía” (ley propia), “heteronomía” (ley ajena), etc. De ahí que “a-nomía” sea ausencia de ley. En inglés apareció a finales del siglo XVI, y en un principio se empleó en los campos del pensamiento político, teológico y moral (como desacato a la ley divina). El filósofo y poeta francés Jean-Marie Guayau recuperó el término en Esbozo de una moral sin obligación ni sanción (1884), para designar la inevitable —y deseable— individualización de las reglas morales y las creencias, y como ausencia de ley fija. Poco después Émile Durkheim fijaría, para el campo de la sociología, su sentido más extendido, en las obras De la división del trabajo social (1893) y El suicidio (1897), como el desajuste provocado entre la ilimitación del deseo humano, por un lado, y la indeterminación de los objetivos que hay que alcanzar y la ausencia de reglas visibles y estables, por el otro, característico del sistema de valores, de las instituciones y del funcionamiento de las sociedades modernas. Según el Diccionario de sociología de H. Schoeck, el término reapareció en las décadas de 1930 (R. K. Merton: Estructura social y anomía, con una perspectiva psicosociológica) y 1950, sobre todo en Estados Unidos, pero muchas veces vacío de contenido, dentro de una crítica global de la cultura y la sociedad contemporáneas.
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